Archivo de la etiqueta: Centros de día para mayores

El manejo de las alteraciones de conducta en el contexto de residencias y centros de día.

Cuando se piensa en la enfermedad de Alzheimer, lo primero en lo que se suele pensar es en los problemas de memoria que la acompañan. Sin embargo, la enfermedad de Alzheimer y las demencias en general, tienen una serie de problemas a nivel emocional y conductual que son tanto o más estresantes para el enfermo, su familia y los cuidadores profesionales. Estos síntomas suelen conocerse como síntomas neuropsiquiátricos o síntomas psicológicos y conductuales de las demencias.

Los síntomas neuropsiquiátricos de las demencias son los siguientes:

  • Delirios
  • Alucinaciones
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Euforia
  • Apatía/indiferencia
  • Desinhibición
  • Irritabilidad
  • Comportamiento motor alterado
  • Desórdenes del ciclo del sueño
  • Desórdenes del apetito

De todos estos, los más frecuentes suelen ser la depresión, la ansiedad, la apatía y el comportamiento nocturno.

Tradicionalmente, estos síntomas se habían visto como una consecuencia directa e inevitable de la enfermedad y se solían controlar a base de medicación (antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, etc.). Sin embargo, estudios más recientes apuntan a que esto no tiene por qué ser así. Alejándose de la visión tradicional, Cohen-Mansfield y su equipo (1995) desarrollaron la teoría de las necesidades no cubiertas, según la cual los síntomas son vistos como una expresión de necesidades de la persona con demencia que no están siendo satisfechas debido a una capacidad deteriorada de la persona para comunicar dichas necesidades o para conseguirlas por sí misma. Los tipos de necesidades más comunes son: de contacto social, aburrimiento, necesidad de actividades con sentido, incomodidad o dolor.

¿Cómo manejamos entonces estos síntomas en el contexto de residencias o centros de día?

Si asumimos esta filosofía y entendemos que los problemas psicológicos y conductuales no son una consecuencia inevitable de la enfermedad, sino que están influidos por factores ambientales, resulta posible introducir cambios en el ambiente que rodea a la persona con el fin de reducirlos. Para conseguir esto, seguimos un procedimiento de evaluación-intervención-evaluación.

El primer paso sería evaluar la frecuencia y duración de los síntomas. Para hacerlo podemos utilizar los informes de cuidadores formales o informales, o podemos observar directamente la conducta de la persona y lo que sucede antes y después de esta conducta. Es importante observar también el ambiente. Factores como la temperatura, la luz o el nivel de ruido pueden estar causando malestar en la persona que se manifiesta a través de estas alteraciones de conducta. Es importante averiguar también si le duele algo, si está incómodo, o en qué momentos del día aparecen estos síntomas.

Una vez tenemos una línea base y una teoría de por qué pueden estarse dando estas alteraciones de conducta, procedemos a intervenir, introduciendo los cambios que consideremos necesarios en el ambiente o en las actividades que la persona realiza en el día a día del centro. Pasado un tiempo, se vuelven a utilizar los mismos instrumentos que en la fase de evaluación previa para valorar si efectivamente nuestra intervención a producido cambios en su comportamiento.

Es importante destacar que este procedimiento es muy dinámico y que es importante prestar atención a todos los cambios que se van produciendo en la persona a lo largo del proceso de la demencia, que como sabemos es degenerativo, con el fin de acompañar las diferentes etapas y ajustarnos a los cambios que vayan surgiendo a lo largo del tiempo con el fin de mantener su calidad de vida durante todo el proceso.

Lucía Jiménez Gonzalo – Psicóloga Idealia Centro de Día para Mayores.

Todo lo que un centro de día puede hacer por nuestros mayores

Sabemos que los centros de día son lugares especializados en la tercera edad en los que, durante unas horas, se atienden las necesidades de los ancianos, y sirven de apoyo para las personas que están a su cuidado. Pero más allá de esta función, pueden hacer mucho más por nuestros mayores.

Promover un envejecimiento activo

Un envejecimiento activo engloba tanto la práctica de ejercicio y una alimentación adecuada, como la búsqueda de mantener la autonomía y las relaciones sociales, además de trabajar la estimulación cognitiva y reforzar la autoestima.

En un centro de día disponen de las instalaciones y el personal apropiados para poder programar diferentes actividades, que cubren todos estos aspectos. Con programas que se centran en tareas psicomotrices y cognitivas, fomentando la sociabilidad y el trabajo en equipo, y llevando un control nutricional y de medicación de los asistentes.

Mantenerse activo mental y físicamente es importante para mejorar la esperanza de vida de las personas mayores, al igual que el tener motivaciones diarias y sustituir las conexiones sociales que se suelen perder tras la jubilación.

Por otra parte, los centros de día suponen una forma de que los familiares del anciano puedan disponer de más tiempo y reducir la fatiga que supone en muchas ocasiones compaginar sus cuidados con el trabajo y otras obligaciones. Esto es también positivo para que los mayores no se vean como una carga para los demás, algo que cuando ocurre hace que, según informa la OMS (Organización Mundial de la Salud), sean más proclives a la depresión y el aislamiento.

 

Los beneficios de no estar solos

Un estudio que realizó un seguimiento a largo plazo a más de 2.000 personas, indicó que sentirse solo, al margen de si se vive acompañado o no, aumenta el riesgo de demencia en la tercera edad. La soledad afecta a la cognición, a la memoria y al bienestar emocional, por eso en este tipo de centros se cultiva el compañerismo y la amistad entre los asistentes, tanto en su tiempo libre como en las diferentes ocupaciones programadas. De esta forma, se evita el aislamiento que a veces se da en la vejez al reducir las salidas al exterior.

En un centro de día se cuenta con la presencia continua de personal cualificado lo cual ayuda a una mayor y mejor atención global de nuestro mayor controlando los tratamientos, mediante diagnósticos  tempranos si aparece alguna enfermedad etcAdemás, al tener un entorno libre de barreras arquitectónicas, se corren menos riesgo de caídas o accidentes, que en caso de ocurrir van a ser atendidos inmediatamente. En definitiva, tanto el personal como el entorno, contribuyen a mejorar o mantener la salud de los mayores.

Un centro de día especializado

La atención en un centro de día siempre es individualizada, desde la aplicación de terapias para mejorar la calidad de vida, hasta el apoyo psicológico a familiares, pasando por la prescripción y puesta en marcha de los tratamientos más adecuados para actuar sobre la enfermedad y sus consecuencias derivadas.

En general los centros de día permiten al mayor permanecer en su domicilio durante más tiempo, combinando así sus beneficios con los que aportan las relaciones familiares, y evitando la desorientación que a veces produce un cambio repentino de vivienda. Aunque en caso de necesitar un posterior ingreso en una residencia, también facilitan que el anciano esté más habituado a este tipo de espacios.

Bibliografía