¿CÓMO TRABAJAR LA COMUNICACIÓN NO VERBAL?

Este mes, continuando con el tema propuesto en el último artículo acerca de la comunicación y de cómo aprender a expresarnos, desde el Departamento de Fisioterapia de Idealia traemos un interesante artículo realizado por Miriam Embarek Hernández, alumna en prácticas de último curso de Grado en Fisioterapia y que ha realizado parte de las mismas en Idealia, acerca de cómo trabajar la comunicación no verbal con ejercicios que se pueden hacer en casa o en grupo en el propio Centro de Día. Este artículo completa la charla que Miriam dio a nuestros usuarios acerca de la comunicación.

 

¿CÓMO TRABAJAR LA COMUNICACIÓN NO VERBAL?

La comunicación es la transferencia de información entre dos o más personas, y se divide en comunicación verbal (uso de palabras escritas o habladas) y no verbal (lenguaje corporal).

Para entender la importancia de la comunicación no verbal, hay que tener en cuenta estos dos importantes aspectos:

  • Según Albert Mehrabian, durante una conversación, el mayor peso recae sobre la comunicación no verbal, representando el 55% de toda la comunicación.
  • Con la edad aparecen represiones psicológicas o complejos que hacen que reprimamos el uso de nuestras expresiones corporales.

Por ello, el trabajo de la comunicación no verbal en cualquier población en general, pero sobretodo en la geriátrica, es fundamental para fomentar una buena comunicación y un buen entendimiento. Pero, ¿cómo trabajamos este aspecto? Existen diferentes ejercicios para potenciar el uso de expresiones faciales y corporales. A continuación, se exponen algunos ejercicios para fomentar el trabajo de las expresiones faciales, que es uno de los componentes que constituyen la comunicación no verbal.

 

EJERCICIOS PARA LA MUSCULATURA FACIAL

  • En la cara tenemos numerosos músculos que con el paso del tiempo vamos disminuyendo su uso. Antes de realizar cualquier ejercicio de expresión facial, es indispensable trabajar dicha musculatura para potenciar su movilidad.
  • Potenciar músculos de los párpados y cejas (orbicular de los párpados, piramidal, superciliar, etc.), realizando movimientos de subir/bajar cejas, abrir/cerrar ojos o guiñar un ojo.
  • Potenciar músculos de la boca y labios (buccinador, orbicular de los labios masetero, cigomático mayor y menor, risorio, etc.) con movimientos como abrir/cerrar boca, colocar los labios en diferentes posiciones, etc.
  • Potenciar la movilidad de la lengua, desplazándola a diferentes direcciones.

 

USO DE EXPRESIONES FACIALES

  • Existen diferentes actividades para potenciar el uso de las expresiones faciales.
  • Representar distintas emociones en grupo (imitando al fisioterapeuta): felicidad, tristeza, emoción, miedo, asco, enfado, etc.
  • Representar emociones, pero sin imitar al fisioterapeuta.

 

RECONOCIMIENTO DE EXPRESIONES FACIALES

  • Para que exista una buena comunicación no verbal, es necesario tanto usar de manera correcta nuestras expresiones faciales como aprender a reconocerlas, por ello, es importante realizar este ejercicio:
  • Reconocer en imágenes las emociones que se representan a través de expresiones faciales.
  • Representar de uno en uno diferentes emociones (ya trabajadas anteriormente) para que el grupo las adivine.

 

Estos son solo algunos ejemplos de trabajo de la comunicación no verbal. Lo fundamental es que los participantes entiendan el objetivo de estos ejercicios y que las actividades que se realicen sean dinámicas y motivadoras.

12 señales para detectar la sobrecarga del cuidador

 

Cuidar a una persona mayor es una responsabilidad que exige seriedad, seguridad y esfuerzo. Este esfuerzo, si se hace en pequeñas dosis, no nos afecta. Pero si se produce durante un periodo de tiempo muy largo, puede acarrearnos lo que se denomina Burnout o síndrome del cuidador.

Este síndrome lo padecen algunas personas que se encargan de cuidar a personas mayores dependientes. Sus principales consecuencias son el agotamiento psíquico y físico.

Síntomas del síndrome del cuidador

Si quieres saber si padeces la sobrecarga del cuidador/a, contesta estas preguntas y podrás hacerte una idea rápida de si necesitas un respiro.

  • ¿Estás dejando de ver y llamar a amigos cercanos?
  • ¿Has abandonado aficiones o actividades que habías disfrutado durante años?
  • ¿Estás desarrollando problemas relacionados con el estrés como dolor de espalda, dolor de cabeza, fatiga crónica o depresión?
  • ¿Estás enfermo o te pones enfermo más a menudo de lo que sería normal?
  • ¿No tienes ganas de hacer nada? ¿Estás desmotivado?
  • ¿Te cuesta mantener la atención en lo que estás haciendo?
  • ¿Últimamente tienes mal carácter? ¿Te enfadas por pequeñas cosas y/o con amigos y familia?
  • Si tu pareja hace una cosa mal, ¿tienes ataques de ira?
  • ¿Has ganado o perdido peso sin querer?
  • ¿Tienes un sentimiento profundo de desesperación o pesimismo?
  • ¿Lloras sin razón o por problemas sin importancia?
  • ¿Te quejas por falta de sueño o insomnio crónico?

Como puede verse se trata de síntomas serios que pueden afectar nuestra calidad de vida y comprometer los cuidados que brindamos a la persona que depende de nosotros.

Cuidarse para cuidar mejor: date un respiro

Consejos para evitar la sobrecarga:

  • Comparte las tareas.Pedir ayuda no es un signo de debilidad. Piensa en qué cosas pueden colaborar otros familiares o si puedes contar con unas horas semanales de asistencia profesional. No intentes hacerlo todo tú. Tu entorno debe entender que necesitas ayuda y momentos de descanso.
  • Acepta y valora la ayuda recibida.Recuerda que hay muchas formas válidas de hacer las cosas. Es más fácil lograr colaboración siendo flexible. Déjate ayudar y enseñar por otros familiares o por cuidadores profesionales.
  • No fomentes la dependencia.Es importante que la persona mayor mantenga cierta autonomía. Anímala para que haga todo lo que pueda por sí misma y pon límites a sus demandas (incluso aunque se enfade).
  • Apóyate en los amigos.Dejar de lado las relaciones sociales por falta de tiempo, es algo frecuente, pero es ahora es cuando más las necesitas. Los amigos te darán un apoyo emocional fundamental y serán los primeros en detectar en ti las señales de sobrecarga.
  • Cuídate.Para cuidar a otros, lo primero es estar bien. No llegues a tu límite. Duerme lo suficiente, cuida tu alimentación y haz algo de ejercicio siempre que puedas. Pero sobre todo, cuida tu bienestar emocional: reserva tiempo ti, relájate y busca distracciones. No renuncies a tus aficiones e intereses.
  • No olvides al resto de la familia.El cansancio puede hacer que descuides a quienes tienes más cerca. Esto termina generando situaciones de tensión en la pareja o con los hijos. Un buen ambiente familiar es tu mejor aliado. Trata de reservar tiempo para el resto de la familia y no descargar en ellos el cansancio y nerviosismo.
  • Escucha las señales de alarma.Cuando cansancio o el desánimo ganen terreno, no intentes seguir adelante a toda costa. El momento de parar y dedicarte un poco de atención es antes de llegar a la sobrecarga.

Si no puedes disponer de ayuda familiar, recuerda que hay distintos tipos de ayuda profesional que pueden ofrecerte el respiro que necesitas.

Bibliografía

  • Atención mayores.
  • udlap.mx
  • net

Ana Sandoval Herrera - DUE Idealia Centro de Día para Mayores

 

Las señales del ictus en la tercera edad

 

Casi el 85% de los casos de ictus diagnosticados aparecen en personas mayores de 65 años. Unos malos hábitos de vida, una alimentación deficiente o la falta de sueño pueden convertirse en el caldo de cultivo perfecto para esta enfermedad cerebrovascular.

El  29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus, una enfermedad que afecta a una de cada seis personas, al menos, una vez en su vida. Para los que no conozcan muy bien en qué consiste, este Accidente Cerebro Vascular (ACV) se genera cuando un vaso sanguíneo que porta sangre hasta el cerebro se rompe o es obstruido por un coágulo u otra partícula. Al generarse este taponamiento, parte del cerebro deja de recibir el flujo sanguíneo que necesita para funcionar y acaba produciéndose el infarto cerebral. Al dejar las células nerviosas de recibir oxígeno, pararán su funcionamiento y morirán, paralizando por completo la zona del cuerpo dirigida por esta parte del cerebro afectada.

El 85% de los afectados por ictus son personas mayores de 65 años

Aunque casi el 15% de las personas afectadas por ictus en nuestro país son jóvenes, la inmensa mayoría de quienes los padecen son personas que superan la barrera de edad de los 65 años. A pesar de que la edad sea la causa más latente, otros aspectos como la diabetes, la arritmia cardiaca, el tabaquismo, el aumento del colesterol, la hipertensión arterial, el sedentarismo, la obesidad, la apnea del sueño o por herencia familiar, pueden convertirse en factores de riesgo.

Es importantísimo prevenir su aparición con el seguimiento de un tratamiento antitrombótico a base de Aspirina (para prevenir la formación del trombo) y Sintrom (en caso de riesgo cardioembólico). No obstante, este tipo de tratamiento podrá incrementar el riesgo de sangrado en caso de pequeños traumatismos, como la aparición de hematomas con golpes normales o sangrado excesivo con pequeños cortes.

Existen dos tipos de ictus que pueden generarse; hemorrágicos e isquémicos.

La hemorragia cerebral se define como la rotura arterial e infiltración de sangre en el tejido cerebral, deteriorándose sus funciones. A partir de ese momento se producirá un edema y el desplazamiento de otras estructuras por el aumento de la presión intracraneal. Por su parte,

El isquémico (80-85% de los casos) se produce a partir de un trombo que interrumpe la circulación sanguínea en esa zona. Si el trombo se formase a distancia, en las cavidades cardiacas, hablaríamos de una embolia arterial. Esa falta de oxígeno y nutrientes es la que provocará la necrosis (muerte de las células de una parte del cerebro). El ictus podrá originar una serie de secuelas físicas y mentales, así como dificultades de habla en el paciente.

El ictus es una de las tres causas de mortalidad más frecuentes

En los países desarrollados, el ictus se convierte en una de las tres causas de mortalidad más frecuentes, junto al infarto de miocardio y el cáncer, produciéndose más en mujeres que en hombres. Si tenemos en cuenta que en 2050 se espera que el 20% de la población española sea mayor de 65 años, estaríamos hablando de un problema sanitario de primer orden. Por regla general, sólo un tercio de los pacientes afectados por un ictus se recupera de forma plena, quedando otro tercio con secuelas y el tercio restante falleciendo.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte de la necesidad de detectar esta enfermedad a tiempo a fin de reducir sus secuelas y los índices de mortalidad. Pero, ¿cuáles son los signos de alerta?

  • Pérdida de fuerza: En la cara, el brazo o la pierna de un lado del cuerpo de forma brusca.
  • Pérdida de sensibilidad:Sensación de “hormigueo” de la cara, el brazo o la pierna de un lado del cuerpo.
  • Dolores de cabeza: De intensidad inhabitual y sin causa aparente.
  • Alteración del habla: Dificultad para expresarnos y ser entendidos por la otra persona.
  • Pérdida de visión: Parcial o total en uno o ambos ojos.
  • Sensación de vértigo: Inestabilidad, desequilibrio o caídas bruscas injustificadas.

 

Es importante ponerse en manos de un fisioterapeuta en las primeras semanas con el objetivo de realizar ejercicios de recuperación de la movilidad física y de activación mental. El programa de recuperación de una persona mayor será más lento y suave, pero no por ello debemos permitir que se rinda. El apoyo moral y el deseo de superación son los mejores remedios contra el ictus.

Bibliografía

  • Hogarsalud
  • Catalunyapress
  • Neurohb
  • wordpress

 

Ana Sandoval Herrera – DUE Idealia Centro de Día para Mayores

La importancia de cuidarnos para poder cuidar

 

El Alzheimer, o cualquier tipo de demencia, es una enfermedad demoledora que afecta no sólo a quien la contrae, sino a toda la dinámica familiar. Cuando un ser querido enferma, nos enfrentamos a un cambio en todo el funcionamiento de nuestra familia y de nuestro día a día. En este proceso de cambios, como cuidador sufrimos el riesgo de centrarnos tanto en lo que necesita nuestro ser querido que nos olvidemos de qué necesitamos nosotros.

Aparece entonces lo que se conoce como “síndrome del cuidador”, “burnout del cuidador”, desgaste emocional…  Entendemos por síndrome del cuidador un conjunto de síntomas que incluyen cansancio tanto físico como mental y que, poco a poco, van dejando huella en nuestro bienestar. Y lo cierto es que para poder cuidar correctamente de la persona enferma, no debemos olvidarnos nunca de cuidar de nosotros mismos.

¿A qué síntomas debemos estar atentos?

Debemos prestar atención a cómo nos encontramos tanto a nivel físico, emocional y social para ser capaces de detectar cualquier señal de alarma.

Físicamente, debemos interpretar como señal de que algo no va bien síntomas como por ejemplo un cansancio mantenido, dolores musculares, alteraciones en el sueño, y un aumento o disminución anormal en el apetito.

A nivel emocional, cualquier sentimiento mantenido de tristeza, apatía, irritabilidad, problemas para concentrarnos, ansiedad… pueden estarnos avisando de que hay algo que no va bien. Lo mismo sucede a nivel social, si de repente sientes que no tienes interés por cualquier actividad de tipo lúdico o social que antes te encantaba o si prefieres mantenerte aislado y no ver a nadie.

¿Qué puedo hacer como cuidador para prevenir o remediar el desgaste emocional?

A continuación te presentamos una serie de pautas que puedes seguir para cuidar un poquito más de ti mismo y prevenir el síndrome del cuidador.

  • Busca tiempo para ti, ¡aunque te cueste! Como cuidador, puedes sentir que todo tu día está dedicado a la persona cuidada, tanto más si tenemos que hacerlo al mismo tiempo que cuidamos de nuestra casa, hijos, pareja, trabajo… plantéate objetivos pequeños y fáciles de cumplir y busca día a día una hora (o media, o 10 minutos) para hacer algo que realmente te guste. Puedes empezar con objetivos muy sencillos, como darte un paseo d 15 minutos, e ir aumentando la duración poco a poco.
  • No abandones tus actividades de ocio. Esto sigue relacionado con el punto anterior, el ocio y el tiempo libre son fundamentales para sentirnos bien. Pregúntate que cosas te gusta (o te gustaba) hacer. Puede ser leer un libro, dar un paseo con tus amigos, ir al cine, ver una exposición, y trata de no abandonar estas actividades en tu plan semanal.
  • Rechaza los sentimientos de culpa y los pensamientos de tipo “debería”. Por ejemplo, si hemos conseguido encontrar tres horas para ir al cine y nos pasamos la película pensando “debería estar en casa”, no estás permitiéndote desconectar del todo. Piensa que tienes derecho a ver esa película o a tomarte ese café sin ser por ello peor cuidador o menos responsable.
  • ¡Cuidado con lo que te dices a ti mismo! El estrés y el malestar que sufrimos puede estar generado o maximizado por las cosas que nos decimos a nosotros mismos. Atento a pensamientos como “soy una mala hija/hijo/esposa/marido” “no lo estoy haciendo bien” “nada de lo que hago sirve para nada”… estos pensamientos, además de no ser ciertos, aumentan muchísimo nuestro malestar.
  • Pide ayuda y déjate ayudar. Esta es una de las claves más difíciles y más importantes. No somos superhéroes y no llegamos a todo, y es muy importante pedir ayuda, tanto a tu familia como a los diferentes recursos que ofrece tu comunidad. Los centros de día, por ejemplo, son un gran servicio no sólo por todo lo que se ofrece a nuestros mayores, sino también porque ofrecen a familias y cuidadores un tiempo de respiro. Algunos también tienen servicios como la escuela de familia en la que se ofrece un espacio para nuestra expresión emocional. Si te sientes abrumado por el cansancio y los sentimientos de tristeza y culpa, no te los quedes para ti, un psicólogo también puede ser de gran ayuda.

#DíaMundialdelIctus

El ictus es una enfermedad que limita la llegada de sangre al cerebro provocando daño neuronal y pudiendo provocar secuelas físicas, cognitivas o conductuales. Lo más frecuente es que la causa sea una obstrucción en una arteria pero también puede ser provocado por una hemorragia.

Un ictus es un cambio radical en la vida de una persona y en la de su familia. Se ha asociado a la edad avanzada, creyendo que es una enfermedad de personas mayores cuando, en realidad, afecta a todas las edades.

¿Cómo se puede prevenir?

  • La hipertensión arterial duplica y a veces cuadruplica el riesgo de ictus. Disminuya el consumo de sal de mesa y de alimentos ricos en sal. Si ha sido diagnosticado de hipertensión arterial, cumpla el tratamiento farmacológico y adopte un estilo de vida saludable para mantener un buen control de la enfermedad.
  • Evite la obesidad. Una disminución de peso de tan solo 5 kilos disminuye el riesgo de ictus.
  • Aumente su actividad física. Le ayudará a mantener un peso saludable, prevenir la hipertensión, la diabetes.
  • No beba alcohol o hágalo con moderación. 1-2 copas de vino diario como máximo.
  • Si es diabético, mantenga un buen control metabólico. Tal y como hemos dicho para la hipertensión, un buen control glucémico con un estilo de vida saludable y el cumplimiento del tratamiento disminuye el riesgo de padecer un ictus.
  • No fume. El abandonar el hábito del tabaco es uno de los cambios de estilo de vida más poderosos sobre los factores de riesgo cardiovasculares.

 

¿Cómo sospechar un ictus?

Para disminuir tanto la mortalidad asociada como las secuelas del mismo, lo más importante es actuar con RAPIDEZ.

1- Reconozca los síntomas en si mismo o en los demás

– desviación de la comisura de la boca, incapacidad para cerrar algún ojo

– inmovilidad o falta de sensibilidad de alguna o varias extremidades

– alteración en el habla

– pérdida de visión

2- Rápidamente avise al 112 para activar un “código ictus”.

 

Lucía Gil – Médico de Idealia Centro de Día para Mayores

 

Terapia Intergeneracional

 

En Idealia apoyamos todo tipo de terapias que benefician a nuestros mayores. En este caso la terapia con niños y nuestros mayores cobra gran importancia. Con este tipo de terapia, tanto los niños como los mayores aprenden el respeto, los valores, disfrutan y comparten experiencias.

En este caso, Daniela, mi pequeña, nos ha visitado tres veces y esperemos que muchas más. Estas visitas han tenido lugar por la tarde, ya que es el momento más tranquilo y en el que menos usuarios se encuentran en el centro. De esta forma, trabajamos de manera más cercana con la niña y nuestros mayores.

Daniela tiene actualmente 18 meses, por lo que su repertorio de actividades es muy reducido y se tratan de actividades sencillas (hacer garabatos con los colores, golpear objetos, dar palmadas, jugar al cucu-tras…). Esto basta para sacar una sonrisa a nuestros mayores. Hay una conexión muy especial entre los niños y los mayores. Además, podemos asegurar que Daniela consiguió en una tarde sacar la parte más tierna de cada una de las personas que se encontraban en el centro. Sus palabras, el tono, su lenguaje no verbal, todo, era medido y delicado.

Detrás de este tipo de actividades se esconde una actuación interpersonal muy positiva tanto para las personas que trabajamos con mayores, como para los mismos mayores y niños. Desde niños, es importante que se nos inculquen valores que nos ayuden a ser personas solidarias y responsables con nuestros mayores. Igualmente, destacamos el papel tan importante que tienes nuestros mayores con los más pequeños, ya que participan en su educación y desarrollo.

Terapia no es solo aquello que trabajamos a través de herramientas físicas para tratar algo físico. Terapia es aquello que realizamos y nos hace sentir útiles, humanos, personas y sobre todo que nos aporta sentido a la vida.

 

Paula Piqueras – Terapeuta Ocupacional Idealia Centro de Día para Mayores.

Aprender a expresarnos

Este mes, desde el área de Fisioterapia de Idealia traemos un interesante artículo realizado por Miriam Embarek Hernández, alumna en prácticas de Grado de Fisioterapia, que ha realizado una parte de ellas en este Centro, dando una interesante charla a los usuarios en la que se basa el artículo que viene a continuación, sobre la comunicación. Para mantener una buena comunicación, tanto verbal como no verbal, es importante ejercitar músculos con ejercicios que se proponen en las tablas de Fisioterapia que se realizan en el Centro.

APRENDER A EXPRESARNOS

Comunicar es transferir información entre dos o más personas: es necesario que exista una persona que emita un mensaje y otra que lo reciba. La comunicación se divide en dos componentes: comunicación verbal y no verbal. Ambas partes son indispensables para que se produzca una correcta interacción.

COMUNICACIÓN VERBAL

  • Es el uso de las palabras de manera invariable. Puede ser oral o escrita.
  • Según la RAE, la vocalización es la precisa articulación de las vocales, consonantes y sílabas de las palabras para hacer plenamente inteligible lo que se habla o se canta.

COMUNICACIÓN NO VERBAL

  • La comunicación no verbal es un tipo de lenguaje corporal que utilizamos para transmitir mensajes, en la mayoría de casos de forma inconsciente. Es un proceso donde transmitimos información a otra persona sin utilizar ningún tipo de palabra, ni hablada ni escrita.
  • Se dice que la comunicación no verbal va más allá de las palabras, y transmite los verdaderos sentimientos. Por ello, el lenguaje no verbal no miente, a diferencia de la palabra que sí lo hace más fácilmente.
  • Según Albert Mehrabian, durante una conversación el mensaje se transmite de la siguiente manera:
  • 7% a través de las palabras.
  • 38% a través del tono de voz.
  • 55% a través del lenguaje corporal.

De esta manera, el mayor peso recae sobre la comunicación no verbal.

  • El lenguaje no verbal se adquiere de dos maneras: es innato y cultural. Por ejemplo, en los recién nacidos de cualquier lugar del mundo, cuando tienen hambre, lloran y expresan así su malestar. Pero también hay una parte que se aprende y depende de cada cultura o país.
  • Además, según vamos creciendo, vamos modificando nuestras expresiones corporales. Con la edad aparecen las represiones psicológicas, los complejos, la vergüenza…, por lo que, el adulto reprime sus expresiones. Cuanta más edad se tiene, más inexpresiva es una persona, y por lo tanto más difícil de traducir bien el lenguaje de sus gestos.
  • La comunicación no verbal está conformada por los siguientes componentes:
  • La mirada.
  • La sonrisa.
  • Expresiones faciales.
  • La postura.
  • Los gestos.

Como ya se ha mencionado, con la edad se reprimen las expresiones corporales, además de que se encuentran más dificultades en la . Por todo ello, para mantener una buena interacción social es importante realizar un trabajo de estos dos componentes.

Miriam Embarek Hernández (alumna de Grado en Fisioterapia).

Puntos Gatillo

 

Este mes, desde el Departamento de Fisioterapia de Idealia traemos un interesante artículo que habla sobre lo que es un punto gatillo, patología muscular que aparece en muchas ocasiones, pudiendo llegar a generar dolores intensos y sobre sus formas de tratarlos.

https://www.vitonica.com/fisioterapia/puntos-gatillo-como-origen-de-dolor-musculoesqueletico-los-conoces

 

Fernando Molins Sánchez – Fisioterapeuta Idealia Centro de Día para Mayores

Hidrocinesiterapia

La realización de ejercicios en el medio acuático tiene importantes beneficios en una gran cantidad de pacientes y tipos de patología diferentes. Uno de los principales beneficios a tener en cuenta es la situación de ingravidez que provoca el medio acuático.

En este artículo vamos a poder conocer los principales beneficios que presenta una terapia en medio acuático, además de conocer algunas técnicas específicas de tratamiento de pacientes en medio acuático.

https://www.efisioterapia.net/articulos/hidrocinesiterapia

 

Fernando Molins Sánchez – Fisioterapeuta Idealia Centro de Día para Mayores

¿Qué es la afasia?

 

Al comienzo de nuestro blog, en uno de los artículos hablamos sobre la afasia. Para aquellos que no lo recordéis hacemos un breve resumen de esta alteración.

¿Qué es la afasia?

La afasia es el trastorno del lenguaje que se produce como consecuencia de una patología cerebral.

Se trata de la pérdida de capacidad de reproducir o comprender el lenguaje. Esto se debe a lesiones en áreas cerebrales especializadas en estas funciones. Es entonces una pérdida adquirida en el lenguaje oral.

Dicho esto, en el siguiente enlace podemos escuchar una entrevista emotiva y sincera de una persona valiente hablando de un episodio muy difícil de su vida. La historia de Olivia Rueda, una mujer que perdió y recuperó la capacidad de hablar.

https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/Escolar-Bosch-justicia-secuestrada_6_776282372.html

Paula Piqueras – Terapeuta Ocupacional de Idealia Centro de Día para Mayores